Poesía

Perdularia desnuda

Olas.
Entonan su canto aplaudidas por las rocas,
llora la espuma del mar ebrio;
saltan las lágrimas del sol,
sol de mar, sol de lluvia.
huellas, muchas huellas,
marcadas sobre la arena; gritando el nombre de sus dedos,
buscando a sus dueños,
abrazándose entre ellas, con la mirada fija, se encoge el cielo;
llueven ángeles desnudos,
con las manos llenas de diminutas semillas en gestación,
canta el mar al son de las olas; me pierdo,
nada soy, oscuridad, incertidumbre, mutismo obsceno;
me encuentro.
Me embarco en las canoas del viento.
Hasta luego al mundo que conozco…

Imagen de: nilchiffon

Poesía

Ambrosía

Hola a todos, espero el frío esté siendo el justo y necesario para seguir creando. Empieza un nuevo año, las cosas no las tengo tan claras como quisiera, pero parece que estar viva empieza a ser lo más importante, sin importar cómo… Y, sabiendo lo que sé a estas alturas, les abrazo con mi poesía. Espero les guste. !Feliz 2021, y mucha mierda¡

***

📷: #phillipdvorak


Peligra el silencio de estas paredes sacras con tu presencia.
El cristo que llevo tatuado en el pecho te ha hecho la reverencia,
y a través de las ventanas de esta iglesia, refleja con más potencia la luz del sol.
Hay un halo iridiscente que se posa debajo de tu ombligo,
atrayendo las miradas de quienes inadvertidos sentimos tu presencia al pasar…
Mujer divina,
cadencia y esplendor,
rotundamente bella.
Tu piel negra y los rizos que caen adornando tu cara me enternecen.
Me has negado más veces que Judas a Jesús, y no tengo la dicha de tenerte a mi vera.
Me desprecias con lascivia irrumpiendo en tu mirada serena… no puedo evitar fijarme en ello…
Pastas en mis campos  sin beber del agua de mi fuente.
No sé cuánto podré soportarlo; si hasta a la tinta con la que están escritas las letras de mi nombre has seducido.
A causa de tu olvido, el monte de mi amada venus se ha convertido en paja seca.
Lágrimas reprimidas en mis pezones, braman por la succión de tus carnosos labios de fresa.
Mujer divina…
No me quites la dicha de tu presencia,  sucumbe de una vez por todas ante los rezos de mi carne trémula.
Porque de una cosa estoy segura: Comeré de otras manos, pero nunca dejaré de intentarlo contigo…


#ErotismoPoético #deseo #Vulvaginación #vulvasrevolucionarias #QuinnyMartínez #QuieroSiMeDaLaGana #placerlíquido #musicaparaelcuerpo
✏️: Bufé libre de palabras

Poesía

Libre al fin


Se escabulle el goteo por las hendijas de tus versos.
Sofocando mi astuta piel con tus suspiros de amante converso.
Levantas mi ego del frío suelo, para tornar mis estallidos mudos en una manada de animalitos en celo.
Sin tocarnos siquiera, emerge de mi instinto la desbocada fiera.
Eso prueba con creces, que con solo una palabra, tú, divina presencia, me has resucitado de mi estéril suerte.
Liberándome de la cruel esclavitud en la que estaba fijando la potencia de mi alma inerte.
Me has enseñado a bailar en solitario.
Hoy soy libre,
de todo y de todos,
de mí,
del mundo que me puteaba,
y de la viva muerte…

📷: @pigolin
#ErotismoPoético #QuinnyMartínez #placerydeseo #pansexual #eros

Poesía

Perspectiva – Poema 69

Profundo es el dolor de tu prolongada ausencia.

La sangre hierve de punta a punta debajo de esta piel que arde a causa del amor que por ti siento.

La vida y la muerte se encuentran a diario a las puertas de este encierro sutil, mendigando el auxilio silente de tu presencia; no es chantaje, es esta realidad que se confunde entre el humo y el vino.

Vaya días llevo, víctima de mi propio invento; embadurnada de las aguas pestilentes de mi incesante osadía y obsesión por ti. Enredada entre los matorrales de mi vello púbico impúdico.

Solo veo cansancio en mis pupilas, el espejo me pide de rodillas que me pinte los labios, anhela verme sonreír por cuenta propia;

ya le he explicado que los hilos de mi sonrisa te los llevaste envueltos en papel de fumar, en el fondo de tus bolsillos están; si lees esto, te ruego los traigas de vuelta…

He colgado tus bragas en un perchero al pie de nuestra cama, tus sujetadores los llevo colgados al pecho, para sentir el roce de tus senos siempre… siempre…

Mi vagina en humedad constante grita, invocando el nombre de tu lengua bendita, sacrilegio para esta carne temblorosa que cuelga de mis huesos.

Fotografía tomada de Pinterest.

Poesía

‘Putana’

Soy hija de Caín, he heredado el desconcierto de su penitencia, errando por las sendas húmedas del pecado.

Soy una ‘puta’ con suerte, a pesar de los agujeros que adornan mi tejado escurre lejos de aquí, y me mantengo a salvo de la vileza que llueve a mares.

Allí está el crucifijo confesor, recogiendo mis pedazos remojados en salsa de orgasmos picantes y aferrada a sus ojos verdes; me encanta el toque que el artista dejó en esa mirada.

Mi credo me escucha y me redime, levanto mis dolores en el gemir de estos placeres compartidos, alabando a dioses obstinados con olor a humo rancio.

Pienso en el pasajero de anoche:

Ese hombre es la miel más dulce que he probado, ha dejado en el cielo de mi boca un manantial de recovecos con sabores tan intensos que se funden con el canto de las sirenas de mi vagina palpitante.

Me masturbo acelerada encadenando estallidos, soltando los aullidos reprimidos, invocando tu presencia, gritando tu nombre, lamiendo mis dedos, famélica de todo…

Llueve en tu nombre, y ahora sí, con gusto me mojo…

Poesía

Fuego de agosto.

Acércate,

mi pecho desnudo te espera.

Acércate a mi cara, mi boca ensangrentada te espera.

Acerca tus manos al fuego que convertido en sudor baja apresurado por el camino de mi vientre.

bebe de mi ombligo como fuego en agosto.

huele…

Huele como suben los vapores acabados de salir de mis bajos más profundos…

No entiendo cómo puedes provocarme tantas cosas cuando me gustan tantos, y de tantos recibo lo que me gusta…

Pero tú, tú eres diferente.

Tú, y yo…

Somos masoquistas, presos de esta adicción orgásmica que no entiende de putadas.

Somos dependientes de este privilegio obsceno de tenernos llueva, truene o relampaguee.

Tu lengua me sabe diferente y a mi sexo le gusta esa miel que amarga.

Acércate más, ya me conoces…

No pierdas el tiempo mirando cómo mis pezones se elevan, cuando tengo el clítoris a reventar.

Deseando que derrumbes las puertas de este calor imperdible que se me ha clavado en la espalda, el dolor que nunca me deja…

Tú eres eso…

Eres el que aparece inadvertido, me apuñala y se roba toda mi humedad…

Siempre; lo tuyo no es de esta tierra…

Siempre caigo en las garras de tu aliento, y me reviento gustosa sobre las paredes de tu verga de hierro fundido…

Sacudiendo mis extrañas por encima de mis guturales gemidos.

Abriéndome en canal para dar paso a tanta lluvia perversa.

Con el aplauso insaciable de nuestros cuerpos enrojecidos…

No pierdas el tiempo: come, bebe…

La mesa está servida…

MICRONOLATO

Ardor.

Habían estado esperando el momento propicio para ese encuentro 58 veces pospuesto, sí, 58 veces. Las habían contado todas, con pelos y señales. Cada detalle grabado a fuego en sus memorias como si lo estuvieran viviendo en el instante; de ello era testigo el viejo diario de hojas amarillentas que ella guardaba debajo del colchón hace más de diez años. Había pasado el tiempo, la espera era una constante en sus vidas; físicamente estaban separados pero sus corazones mantenían la esperanza de volverse a encontrar. La apuesta tenía que ser consumada, tal y como se había escrito desde su gestación. Miranda tenía éxito como abogada penalista en la capital, Curro, decidió quedarse en el pueblo para mantenerse al lado de sus padres, heredando los viñedos y la fábrica de la familia. Como hijo único vivía una vida holgada, y por el contrario de ella, nunca se casó. Aunque tuvo un par de relaciones conocidas en el pasado; en el pueblo era sabido su amor por ella.

Los veranos de juventud estuvieron marcados por aquellos encuentros entre matorrales al pie del río, deshaciéndose entre gemidos, noche tras noche, explorando sus cuerpos adornados con los brillos de una lozanía casi perpetua. Miranda y Curro se conocían desde la tierna infancia, nacieron con un día de diferencia, sus padres eran amigos también desde niños, y eso estrechaba aún más los lazos de cariño entre ellos. Después de terminar el colegio, y diez años de noviazgo, sus vidas se separaron. Ella partió hacia la capital persiguiendo el sueño de ser abogada, y él tomó la suya. Pero a veces la voluntad no alcanza, la fuerza de lo que se queda dentro es determinante y las voluntades se vuelven “putas”…

Haber esquivado el día ‘D’ durante tanto tiempo no había servido de nada, el destino estaba marcado en el calendario, y la mesa estaba servida. Salieron de sus respectivas localizaciones de camino al restaurante acordado, ella más guapa que nunca y él, altivo, perfumado de pies a cabeza, seguro y tranquilo. Al encontrarse de frente sus miradas se fundieron en un acelerado latir. La escena no tenía desperdicio, todos los años de latencia valieron la pena, una decisión implícita en sus actitudes daba una primera pista de lo que iba a suceder. Durante la cena se tomaban de las manos, se miraban como si el mundo se fuera a acabar. Ella descalza le acariciaba con sus pies por debajo de la mesa, él se sonrojaba, no podía dejar de sonreír. Al cancelar la cuenta Miranda le hizo un guiño para que la acompañara hasta el servicio, titubeante aceptó la invitación. El momento era el momento; esos cuerpos que se habían aferrado a la esperanza empezaron a destilar deseo por todos los costados; cualquier espacio hubiera quedado pequeño para tanta pasión reprimida. Ella se abrió de piernas y él sin pestañear, se pegó a su vulva, saboreando con delicadeza el provecho de su escencia más íntima, mientras su feminidad se deshacía entre el ardor de esos gemidos conjugados por los movimientos de su lengua diestra. Una cosa llevó a otra más intensa, y como el hilo entre el ojo de una aguja empezaron a hilvanar los agujeros del tiempo, entregándose en cada beso con la locura propia de dos seres dispuestos a morir enganchados el uno del otro; penetrando las orillas de sus sexos afilados como cuchillos japoneses.

Dos horas después de haberse internado en la cueva improvisada de la lujuria, salieron exhaustos, cada uno por su lado, sin nada más que decirse…

Fotografía tomada de Pinterest

Poesía

Antera

Esa música que emerge de rincones olvidados cuando hacemos el amor

el olor de tu semen que se queda un rato largo y que me gusta.

ese sonido que se posa por encima de nuestras cabezas.

el crujir de la vieja piltra abatida por nuestros cuerpos ansiosos, exacerbando el dulzor del incesante clamor de la utopía.

Rizomas de éxtasis que entierras en el fondo del pozo de mis ganas

abrazando mis entrañas

buscando el dulzor en la sal de mi cuerpo.

Remolinos de aire caliente que emergen de en medio del colchón

testigo directo de lo que por momentos parece amor

un amor capaz de resucitar a los muertos que creía hechos polvo…

Poesía

Terriblemente solos.

Besos que se difuminaron resistiéndose a la pérdida

otros besos hermanos que nunca se han atrevido a darse por temor a los ojos de quienes observan.

Besos encallados en arenas movedizas de islotes terriblemente solos, en donde el sol alumbra lleno de lunares.

Besos atrapados por esa sonrisa que de mutuo acuerdo se han dado, pero que siguen temerosos de lo que les rodea.

Besos suspendidos en la sonrisa que con cariño regalamos a ese otro que nos mira esperando a que seamos valientes

anhelando ese primer paso, porque él, o ella, no son capaces de librarse del abrazo cobarde de la cobardía.

Besos envueltos en sábanas usadas que gritan en silencio las ganas que tienen de salir a la calle para mirar a la cara a quien les señala.

Besos que prefieren vivir de fantasías, por que la realidad pesa, y se va perpetuando en la regularidad de esos encuentros furtivos de sexos mojados

alabando al dios de putas avergonzadas y terriblemente solos.

La soledad la hemos mal interpretado hasta el punto de creernos lo imposible de lo imposible, sucumbiendo ante la duda de lo que no nos hemos atrevido a hacer y así nos va…

Ganas de libertad

encuentros a los que tememos tanto como deseamos, !cuerpos desnudos y bucólicos que ya no aguantan que se les masturbe más!.

Terriblemente solos e incapaces, así nos va…

Incapaces de salir en busca de ese beso remedio para el sufrimiento al que voluntariamente hemos sometido nuestros deseos.

No hay nada de que avergonzarnos.

¿Por qué seguir embutidos en la vestimenta de una moral heredada y pasada de moda?.

Eso ya no nos vale, no nos puede valer

porque todo el mundo tiene derecho a hacer de su sexo un valero si eso le hace feliz…

Poesía

Necedad…

No me duele nada.

No me duele nada a pesar de haberme arrojado de cabeza sobre las espinas de tus rosas,

no me duele nada a pesar de los golpes posteriores a sacarnos las ganas.

Soy necia.

Soy insistente y no me canso de pedirte que me des palos…

Si te soy sincera, me lo merezco todo.

Todo lo que producto de esta obsesión selectiva que me lleva a despeñarme por el barranco que va desde tu boca hasta el ombligo de tu libido anegada, me pasa…

Poesía

Besos gélidos.

Así,

justamente así de frío.

Como cuando se cierra el Mississipi en invierno,

congelando su andar.

Olvidando progresivamente la tibieza de aquellos días de insolación y desenfreno,

besos fríos,

este río de lava se ha convertido en una autopista de animalitos montados en patinetes sin ruedas.

Labios perezosos inmersos en la costumbre que ha matado la pasión de aquellos días de juventud romanticona,

besos fríos,

empalizados con ausencias y nieve, mucha nieve.

Se pregunta repetidamente: ¿a dónde han ido a parar los ríos de agua viva que recorrían su sangre?.

Respuesta que no encuentra, pero eso ya no importa.

Ha perdido, pero ha ganado hielo…

Poesía

Detalles que me matan.

Te regalo una noche a la semana,

ser tu amante es la resurrección de mi protervia.

Te regalo mi voluntad y mi apego,

aliada irrefutable de estas ganas insaciables de un oprobio perpetuo,

castigo por tener lo tangible y el alma vacía.

Contigo la humorada de mi sexo se relaja,

contigo la semblanza del amor me avasalla.

Te regalo lo que de mi queda cuando escapo de esa realidad que no soporto.

Poesía

Yo no sé lo que es el amor…

No quiero dejar de comerte a besos,

no quiero dejar de ser nosotros a las once de la noche,

no quiero dejar de sentir que me traes de vuelta de la muerte con el hálito de tu roce.

no quiero dejar de sentarme en tu regazo y que acaricies mi vientre.

Tampoco estoy dispuesta a sacrificar erecciones compartidas,

ni la humedad que fluye a mares, ni los gemidos, ni los orgasmos avasalladores, ni el tenerte en el café de las mañanas.

Pero te lo pido por favor…

No me pidas que te diga que te amo,

quédate con mis te quieros sinceros, y con el sosiego que me da tu voz.

No me pidas que te diga que te amo, ni hoy, ni mañana ni pasado.

No me pidas que te diga que te amo, porque yo no sé lo que es el amor…

Poesía

Melodías…

Aquel viejo violín empolvado y revuelto entre las cosas del desván atiborrado ha vuelto a la vida,

al sacarlo las cuerdas colgaban como lágrimas colgaban de mi alma fría y deshecha,

lo cogiste entre tus manos y enderezando su postura lo hiciste sonar.

Recuerdo escuchar una melodía que espantaba el lloro de mis pupilas dilatadas por el exceso de humo y sidra.

Bajé corriendo…

Recibí entre mis brazos el adiós de aquellos días en los que el cuerpo estaba muerto,

la palidez de mi rostro quedó fulminada ante la melodía que invadía los rincones olvidados de la vieja casa que habito,

esa melodía también desarmó a los fantasmas que valientes me acechaban durante días y noches casi interminables.

Te besé, hoy te he vuelto a besar; siendo fiel a la verdad no hemos dejado de besarnos.

La sensación de tenerte anclado a mi boca es indescriptible,

esa primera emoción se posaba inadvertida por debajo de mi cintura como si de repente el suelo estuviera en llamas,

a mí también me has enderezado.

Las moraduras en mi cuerpo empiezan a sanar, sanar de verdad,

me has devuelto la ganas de refrescar mi cuerpo al desnudo ante los ojos de un placer al que no reconocía,

has sembrado en mí una nueva semilla rebosante y con fuerzas para empezar a germinar.

Has sacado de mi espalda la espina de lo irremediable,

me has devuelto la libertad y el hambre por los placeres de la vida.

Hoy estoy entregada a los encantos de este imaginario tembloroso y ahíto de todo…

Fotografía tomada de Pinterest.

Poesía

Latencia…

Presa de mí

presa de las cosas que empiezan a pasar por mi cabeza mientras imagino tu cara.

Ha pasado tiempo desde esa ultima vez, pero han sido muchas veces

ha pasado el tiempo desde aquel encuentro en el que la ropa estorbaba y la piel nos servía de abrigo

hemos estado más de cien veces uno debajo del respirar del otro, golosos, comiendo carne cruda…

Hemos estado más de cien veces estirando la goma del tiempo que implacable nos dejaba aún más desnudos.

Desnudos ante la sensación de insuficiencia, que a pesar de haber estado la noche entera adobada entre sábanas, semen, sudor y la leche de mis pechos quería más…

Más de mi boca sobre tus labios

más de esos abrazos que rasgando mi espalda elevaban la sensación de poder que de mi se apodera cuando en erección me encuentro

más de tu pene electrizante al filo de mi garganta

más de mí cuando contigo culeo…

Latencia, tiempo en el que acude la libido a mi entrepierna cuando se cruzan nuestras miradas

latencia, segundos de calor punzantes estancados en el pozo jugoso de estas ganas

latencia, horas que pasamos encerrados esclavos de nuestros cuerpos hambrientos, huyendo de las grietas del tiempo amando sin saber amar…

Latencia, instantes enzarzados en el caldo tibio del deseo que se nos salía por los costados calando el colchón

latencia, ese tiempo delicioso que separa las ganas de follar con la materialización del hecho…

Latencia, latencia y más latencia…

Segundos convertidos en minutos, en horas, en días, en meses, en los años que ha tardado la causalidad en darnos la oportunidad de volver a vernos.

Tengo ansias de un deseo eterno latiendo de arriba abajo, de adentro hacia afuera como un volcán a punto de saltar por los aires

la piel que habito es incansable, sufre, llora y muere un poco a diario.

Pero… soy una mujer de palabra

consciente del dolor que se acumula con el paso de los años

abierta a negociar con los sinsabores de la realidad que, marcando la latencia de hacia donde desemboca el río de estas ganas, es paciente y cumple con lo pactado, continuar.

Amar hasta morir

follar hasta morir

reir hasta morir

vivir hasta morir, en brazos de la inapelable latencia…