Poesía

Quejido silente

Me levanto insomne.

Asomo la curiosidad por la ventana que da a la callejuela del fondo, y allí está ella…

Los lamentos de esta fría madrugada atraviesan las murallas de mi desdeño.

Es como si las estrellas lloraran, suplicándome que defienda el fuerte del hastío.

La mujer de nadie,

presa de los ires y venires de su agónica existencia.

Sus pechos erizados son como puñales, los atrae y les devora con su lengua.

Allí está ella; dejándose manosear por el borracho de turno.

Gimiendo de mentiras.

Esperando a cobrar lo que se le debe para salir corriendo a envenenarse en la otra esquina.

Así es esta cuadra:

En cada arista un diablo distinto vestido de verdades absolutas,

tentando a la desgracia para que siga cayendo por el barranco de la mala sombra.

Prostituyendo el hambre de los desvalidos.

2 comentarios sobre “Quejido silente

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