MICRONOLATO

El pálpito de la agonía

Capítulo II

Fernando Monasterio, era hijo del notario del pueblo, un hombre soberbio y de carácter agrio. Por todos era bien sabido que se oponía a la relación entre su hijo y María, por estar en polos opuestos de la sociedad, pero a pesar de todo, ellos buscaban la manera de estar siempre juntos, aunque a escondidas. Diez años atrás todo cambió; la madre de Fernando, murió repentinamente de una pulmonía, después de eso, su padre, decidió que el mejor lugar para el joven, sería la capital. Fulgencio Monasterio, se las había ingeniado para que Fernando, nunca regresara al pueblo. La capital representaba para el ego de Fulgencio, el futuro de un hijo, al que heredaría una gran fortuna, prestigio y alcurnia, para que así, olvidara a la hija del ya fallecido zapatero del pueblo. Ni una llamada, ni un sólo telegrama. María, nunca recibió respuesta a los cientos de cartas que le había escrito. En el pueblo todos sabían que se le había vetado. Pero a pesar del tiempo y de las difíciles circunstancias, los sentimientos no habían cambiado, estaba decidida a encontrarlo, vivía en el extranjero, se había licenciado como abogada, y para ella, había llegado el momento. Cogería sus maletas y se iría de vuelta a sus raíces, viajaría en busca del único ser capaz de redimir el peso de su atribulada existencia.

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